Lo que se pretende es atender las numerosas quejas de los vecinos, ante la pasividad del equipo de gobierno
Hemos decidido poner en marcha una oficina de reclamaciones ante las numerosas quejas vecinales por las abusivas facturas de agua que están llegando tras la privatización del servicio por parte del Ayuntamiento, algunas de las cuales superan los 3.000 euros. Así lo hemos decidido tras la celebración de una Ejecutiva local con carácter de urgencia para tratar este asunto.
Lamentamos el descontrol en las facturaciones desde que el gobierno tripartito (ICAR, PP y PA) dejó la gestión del agua en manos de Aqualia.
Es increíble que esta empresa, con la complicidad del equipo de Gobierno, esté cargando en las cuentas corrientes de los vecinos facturas sin el consentimiento de estos.
Es imposible que se hayan producido estos consumos en algunas viviendas, bares y comercios del municipio. Por ello, desde el PSOE queremos ponernos a disposición de Cartaya, atender a la ciudadanía y buscar respuestas a esta situación ante la pasividad del Consistorio.
La Oficina de Reclamaciones estará ubicada en
la Casa del Pueblo del Partido Socialista (c/ Flor, 20) de Cartaya.
Abrirá los lunes de 18:00 a 20:00 horas.
Estará atendida por un abogado que hará los correspondientes trámites.
Además, el PSOE ha puesto a este profesional a disposición de la Plataforma en Defensa de los Servicios Públicos ‘Cartaya Pública’, para atender a los ciudadanos que acudan a la misma a buscar ayuda.
Invitamos a todos los vecinos a denunciar los abusos tarifarios, porque no podemos permitir que vengan a provecharse de nosotros.
Mientras muchas familias y negocios de Cartaya están en una situación económica muy crítica, el equipo de Gobierno del Ayuntamiento está más preocupado en defender los intereses de una empresa privada que los de sus propios vecinos. El alcalde Juan Polo ha cedido a los intereses ocultos y al afán privatizador del Partido Popular que es quien realmente maneja en la sombra sus decisiones.
La única intención del alcalde es hacer caja hipotecando a varias generaciones de cartayeros para mantenerse en su sillón y seguir viviendo de lo público tal y como lleva haciendo 20 años.
